Delfina, Delfina, conduelete de otras mujeres
30 may
La actriz Delfina Paredes, contó a RPP que fue a visitar a Lori Berenson por una cuestión de solidaridad al ver como la prensa la acosaba y no respetaba a su hijo quien acompañaba a la ex emerretista, sin embargo, sostuvo que nunca llegó a verla.
“Me quedé tan espantada y adolorida ver como los periodistas, toda la prensa agredían a una pobre mujer que ha estado 15 años en la cárcel, a una mujer que tenía a un niño, no hubo respeto para ese niño”, sostuvo.
Ya saben quién es la actriz Delfina Paredes, nunca falta en las civicadas estruendosas. Sabemos de su filiación a la izquierda, lo que, como esta vez, la hace perder el foco.
Se fue, apenada ella, solidaria ella, a visitar a Lori Berenson. Pobrecita (y hasta provocaría invitarle un té de tilo). Dice que sentía ” “pena” al ver como todo el mundo la acosaba y “porque anoche no podía dormir pensando en qué situación se encontraba la Berenson”. Bueno, para eso hay pastillas y son más saludables que condolerse de alguien que abrazó la destrucción como consigna.
Hasta le dejó un chullito de lana que había comprado para su hijo. No fue recibida, pero dio una señal. Y muy fea señal porque más justo hubiera sido ir a pedirle cuentas a la Berenson por su impertinencia malévola, la de apoyar a un grupo terrorista que tantas muertes causó en el Perú y tanta tragedia.
No la culpo y como ciudadana está en su derecho de solidarizarse con quien le venga en gana, pero habría que recordarle que la violencia de los 80 mató policías y civiles inocentes, alcaldes y autoridades y no fue el Estado el que la empezó. Bueno, todos o muchos de los que murieron tenían familias, madres, hijas, abuelas, hermanas ¿Y a ellas las fue a buscar alguna vez para solidarizarse? Que nos cuente, después de todo es una muy buena actríz que merece el respeto, pero también el requerimiento del público. Nunca es tarde para contar si es que abrazó y besó a la madre de alguna de las víctima del MRTA en los 80, a alguna viuda, abuela o hija, quizás. Sería gratamente revelador saber que lo hizo alguna vez.
Ahhh y me comentan (ver comments) que en el mismo edificio rentado para la Berenson habita la familia de una víctima del MRTA ¿Y si la hacen pasar a tomar un tecito? Digo, podría aprovechar la visita para el abrazo y la condolencia.



Creo que la actuación de la ¿arrepentida? terrorista Lori Berenson en estos días, ha sido tan pero tan provocadora para la opinión pública, como lo que también hizo en sus días el ¿arrepentido? súbdito de Montesinos, Crousillat. ¿Tomará ella finalmente el mismo camino?, ¿habrá la misma marcha atrás de nuestras autoridades políticas y judiciales?
Hubiera sido una buena oportunidad para Delfina Paredes, aprovechar que no fue recibida por doña Lori, y mostar la misma preocupación y congoja por la familia de una persona que fue víctima del MRTA, y que me parece que vive en el mismo edificio donde ha sido acogida la Berenson.
Estoy muy de acuerdo en casi todo excepto en la frase: ” Y no fue el estado el que la empezó” A ver: Y entonces acaso no es violento mantener en la miseria y el abandono a la población, mientras tenemos una “sana” macroeconomía y somos un país “premium”segun el FMI?
No estoy de ninguna manera de acuerdo con los actos terroristas pero no tampoco podemos pensar que son “actos de maldad” de algun grupo de felones como pensaba el presidente más candelejón de nuestra historía. El terrorismo y los movimientos de ese tipo son absoluta consecuencia de una politica estatal desastrosa. Ni vuelta que darle!!!
Gracias por el comentario, pero no estoy de acuerdo. La violencia y, más aún, de tal grado, no se justifica.
Yo también denosto de la miseria, la amargura frente a la pobreza no es patrimonio de la izquierda y menos de los violentistas, pero el método de la revolución violenta sólo lleva a un régimen opresivo en el que quienes gozan son los miembros de una nueva oligarquía: la del entorno de mando (Cuba, URSS, etc), mientras el pueblo se muere de hambre.
Buen dato ese del vecino del edificio y hasta provocaría propiciar un encuentro, aunque seguramente sería, esta vez, delfina la que no dé la cara.