reconoce sus orígenes

Dónde radica el poder

Publicado: 2011-06-06

Ganó Ollanta Humala y hay quienes se preguntan aún ¿Qué pasó?

Es muy simple: Lima no es el Perú y poco hicimos para entender que la realidad social es multiforme, intercultural, paupérrima fuera de los margenes urbanos. En los 80 creíamos que Sendero era un problema de las serranías y que su cerco a las ciudades era improbable. Permanecimos indiferentes hasta que los estallidos llegaron y entonces alertamos que el equilibrio estratégico era real y que Abimael bien podría deambular por las afueras de Palacio.

Las urbes ni la capital siquiera definen la línea a seguir. El Perú ya no es Lima. El poder radica en la multitud de provincias que se tejen ya como un contrapeso al viejo centralismo. Cuánta razón tenía Carlos Iván en  querer entender al Perú desde su profundidad andina, mientras que muchos pensaban el Perú emergente y pre europeo desde un cómodo sillón del Starbucks.

Creyeron muchos que el poder fáctico (capital y prensa) podría detener la turba electoral y persuadir a muchos de los peligros del Nacionalismo, pero como en el 90, el periodismo carece de poder frente a las decisiones que cada cual toma respecto de sus lideres. No hay medio de comunicación (ni solo ni corporativamente) que determine el curso de los acontecimientos históricos.  El populorum es independiente, plenamente autónomo de las plumas y las voces que procuran encauzarlo o encantarlo. La realidad social manda y la pobreza en las tripas tiene más incidencia en las urnas que cualquier editorial.

Lo cierto es que el Perú real y profundo, que pocos pretendimos entender desde los montajes de vidrio y hierro de la urbe, le ganó en las urnas al Perú miope y elitista, que miraba, reposado, que el mundo se agota en su ombligo. Las comunidades enraizadas le ganaron  a las elites poderosas, que asumieron que el crecimiento era perceptible por todos y que todos, por tanto, se darían al empeño de defenderlo en cédula electoral.

Felicitamos al ganador, su éxito es un imperativo para todos,  y, a quienes nos cabe opinar, nos toca calmar las aguas para que el mercado no se agite y para que las inversiones continúen su curso regular. Recordemos que a todos los peruanos interesa que a sus gobiernos les vaya bien y hasta mejor que los que lo precedieron, que sus objetivos de desarrollo se cumplan y que cada cual (comenzando por los más pobres) pueda alcanzar un destino más justo y mejor. Colaboremos para que así sea, desde donde nos toque humildemente contribuir.


Escrito por

El fantasma

Justiciero y franco.


Publicado en

El fantasma de la Opera

Pensando en voz alta