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Los intelectuales, la libertad y la concepción del tiempo

Publicado: 2012-01-18

El intelectual vive procesando ideas, amasándolas como el pan. Es lejano de las pautas rígidas y de los horarios forzados, reniega de los procedimientos, que entorpecen.  claman por la libertad y la paciencia de pensar. Le quitan cintura a la fiscalización innecesaria y al hábito burocrático de "vivir con permiso de la Policía". Martín Adán, se recluyó en un manicomio, nada menos.

La libertad abre los muros, los rompe, permite que se filtre la ira, la pasión, la inspiración que crea o remueve las ideas. No concibo a un intelectual numerando papeles o corriendo por los vericuetos de la urbe para marcar el tiempo y esclavizándose al rigor más allá de lo que es indispensable para crear y crear bien y mejor.

Y no es que el intelectual (que posiblemente no produzca ni una nimiedad con sus manos) sea un cardenal del ocio o un pontífice del "hueveo" más insomne, sino que mientras su cuerpo reposa y va entre callejas a paso lento y pausado, su masa gris trabaja y alienta ideas y es eficiente. Nada más contradictorio que un obrero de máquina y un intelectual.

Y ya que refiero a la libertad, ineludible es referirme al tiempo, porque los intelectuales tienen sus tiempos y sus jornadas. Carl Honoré no habla de la procrastinación ni mucho menos, él escribió un simpático libro titulado "Elogio de la Lentitud". Y no es que la lentitud sea buena jure et de jure, pues en ocasiones puede ser perniciosa y mal se hace en incumplir obligaciones. El tema es otro y se orienta más a la paciencia, a la serenidad y a la necesaria incapacidad para ceder a las prisas y los imperativos, condiciones que, sin la flexibilidad adecuada y razonable, sólo pueden concluir en la enfermedad, el stress, la locura o la muerte.

Para la burocracia de un Ministerio o una oficina estatal cualquiera puede ser inaplicable, por desgracia, pero para los intelectuales y hacedores de ideas, bien vale el argumento de la flexibilidad y los tiempos.

Leamos algunas frases de este autor que recomiendo:

“Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir.

Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo,

pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida.”

“La velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que le pasa a tu

cuerpo y a tu mente, de evitar las preguntas importantes…

Viajamos constantemente por el carril rápido, cargados de emociones,

de adrenalina, de estímulos, y eso hace que no tengamos nunca el tiempo

y la tranquilidad que necesitamos para reflexionar y preguntarnos

qué es lo realmente importante.”

“La lentitud nos permite ser más creativos en el trabajo,

tener más salud y poder conectarnos con el placer y los otros”

“A menudo, trabajar lo necesario (y no excederse) es trabajar mejor.

Pero más allá del gran debate sobre la productividad

se encuentra la pregunta probablemente más importante de todas:

¿PARA QUÉ ES LA VIDA?

“Hay que plantearse muy seriamente

A QUÉ DEDICAMOS NUESTRO TIEMPO.

Nadie en su lecho de muerte piensa: “Ojalá que hubiera pasado más

tiempo en la oficina o viendo la tele”, y, sin embargo, son las cosas

que más tiempo consumen en la vida de la gente.”


Escrito por

El fantasma

Justiciero y franco.


Publicado en

El fantasma de la Opera

Pensando en voz alta