Talentos menospreciados
26 ene
Muchos artistas son menospreciados y vilipendiados y no en honor de sus talentos, precisamente, sino muy aparte de ellos. Kafka nunca se ciñó el laurel y murió en el anonimato. Si alguna gloria le debe a alguien, es a un leal amigo que guardó (a contrapelo de la orden de un agónico escritor) todos sus manuscritos para la inmortalidad.
El talento no suele habitar el olimpo y muchos potencialmente grandes se pierden en los laberintos de la inoportunidad, valga la licencia. Cuántos pianistas, pintores, escritores y cantores nunca ven la luz porque nadie los “vio” y sólo ve quien tiene la luz y la luz sólo habita en los ojos de los privilegiados.
Al talento no solo se le ignora, “se le pega” vallejianamente con un palo. Remoto, Cervantes aceptó ir a una Guerra, durante 2 años por un salario mísero que era destinado a su familia. Pierde la mano y tras el retorno a casa es hecho preso durante cinco años. Apenas, si pudo obtener un empleo de recaudador de Impuestos. Acusado de robo, paró en un calabozo por un año. Desempleado nuevamente y pensionista en la miseria sobrevive apenas. Solo alcanza a publicar en los últimos años de su desventurada vida. No conoce la gloria y muerte en la pobreza.
A Vallejo le tocó similar suerte y fugó del Perú tras una prisión sombría. Fue un desempleado en un Perú indiferente a su obra. Clemente Palma le aconsejó cambiar de oficio y abandonar la poesía. Sino leamos:
“También es usted de los que viene con la tonada de que aquí estimulamos a (…) los jóvenes a quienes les da el naipe por escribir tonterías poéticas más o menos cursis. Y la tal tonada le da margen para no poner en duda que hemos de publicar su adefesio. Nos remite usted un soneto titulado «El poeta a su amada» que en verdad lo acredita a usted para el acordeón o para la ocarina antes que para la poesía. Sus versos son burradas más o menos infectas y que hasta el momento de largar al canasto su mamarracho no tenemos de usted otra idea sino la de deshonra de la colectividad trujillana, y que si descubrieran su nombre el vecindario haría lazo y lo amarraría en calidad de durmiente en la línea del ferrocarril de Malabrigo”.
¿Recuerdan a Clemente Palma o han festejado sus escritos? ¿Se mece la gloria con sus descomunales alas sobre su efigie? Bueno, al decir verdad, más sabemos de Vallejo y de sus versos, de los Heraldos nocturnos que cargan sus páginas, de su agonía en París con aguacero, de su inmortalidad.
Por tal, este blogger es de los que ensalzan el talento cuando lo ve, celebra la genialidad de unos, dispara loas y loas sobre los que bien y con magisterio tallan una figura, trazan un bastidor o le dan fulgor a una página en blanco. Palma (el hijo, del tradicionalista, desde luego) no existe en mi diccionario particular de talentos, glorias, laureles y celebridades.














